Lava la fibra, mordienta con alumbre al 10% del peso de la fibra. Infusiona milenrama seca y salvia en agua blanda durante una hora a 70 °C, filtra y añade la fibra humedecida. Mantén temperatura suave sesenta minutos. Enfriado lento, reposo nocturno. Lava ligeramente y seca a la sombra. El resultado: amarillos radiantes con matices herbales que evocan praderas y piedra caliza, perfectos para chalecos livianos, mantas de verano y pañuelos profundamente luminosos.
Mordienta lana o seda con alumbre al 12% y cremor tártaro al 6% para suavizar. Remoja raíces de rubia molidas toda la noche. Calienta a 75–80 °C durante noventa minutos sin hervir, revolviendo con paciencia. Para tonos más profundos, añade una pizca de calcio. Deja reposar el baño con la fibra dentro hasta el día siguiente. Obtendrás rojos terracota, naranjas quemados y ladrillos sutiles, firmes a la luz, que dialogan con maderas cálidas y cuero natural.
Realiza primero un amarillo con ortiga y alumbre, lavando suavemente al final. Prepara aparte un modificador de hierro muy diluido, apenas 1–2% del peso de la fibra. Sumerge por lapsos breves, observando el viraje hacia verdes grises inspirados en la niebla alpina. Neutraliza con baño ligeramente alcalino para estabilizar. Evita tiempos largos que apaguen el tejido. El resultado sugiere abetos lejanos y rocas húmedas, ideal para gorros, calcetines y bufandas invernales armoniosas.





