Roble, alerce y cedro: elección con propósito
El roble aporta tenacidad frente al impacto y un sabor a longevidad que en cubierta se agradece; el alerce, con sus resinas, resiste humedad y heladas de altura; el cedro aligera estructuras sin ceder en estabilidad dimensional. En un fiordo nevado, un maestro combinó roble en quilla y alerce en forro, mientras un carpintero alpino eligió cedro para un alero largo y flexible. Esa mezcla consciente responde a cargas reales, no a supersticiones, y abre posibilidades sorprendentes cuando el mar se parece a un valle.